jueves, 30 de diciembre de 2010

NACIMIENTO DE LA ARQUITECTURA UNIFICADORA DEL SIGLO X ROMANICA

CAPITULO VII

Arte mozárabe en el antiguo Reino de León y Condado de CastillaControversia sobre el arte y arquitectura mozárabe
El término "Arte mozárabe" nace con Manuel Gómez Moreno en 1919, con su famoso libro "Iglesias Mozárabes". Desde entonces, y aunque ha tenido numerosos detractores, esta denominación se ha generalizado para caracterizar el arte de la España cristiana entre finales del siglo IX a comienzos del XI, es decir, desde la finalización del arte "oficial" de la monarquía asturiana a la irrupción del románico.
Para Gómez Moreno y muchos autores que han seguido sus criterios, este arte es desarrollado por mozárabes de Andalucía basándose en el éxodo que muchos de ellos protagonizaron en aquellos años. En efecto, la convivencia pacífica y tolerante que marcó la relación entre cristianos y musulmanes durante el primer siglo y medio de ocupación fue deteriorándose a partir de la mitad del siglo IX. Como consecuencia de ello, comenzó un éxodo de gentes cristianas desde Andalucía y Toledo al norte de España.
Para Gómez Moreno, los mozárabes, así llamados los cristianos que vivían en Al-Andalus, trajeron un arte más o menos influido por las iglesias visigodas que dejaron atrás y sobre todo por el arte califal del poder islámico.
Sin embargo, la corriente actual de pensamiento, rechaza la denominación de mozárabe a este arte y arquitectura. Durante el siglo X las fronteras del reino astur-leonés se ensanchan hasta el Duero. Para ello es necesario una repoblación de gentes venidas del norte y también de cristianos andaluces. Ambos colectivos coinciden en su rechazo al mundo islámico y su ideal de reconstrucción del reino hispanovisigodo. Por ello, estos autores contrarios a las tesis de Gómez Moreno, aducen que la base de la arquitectura de ese siglo es precisamente "preislámica"
Otra idea que refuerza la opinión de la relativa influencia islámica en esta arquitectura se basa en que los mozárabes -por la prohibición de construir templos durante la denominación árabe- no pudieron aportar demasiado a estos edificios. En definitiva, para Isidro Bango Torviso todos los estilos "prerrománicos" son básicamente una continuación empobrecida del arte hispanorromano tardío y provincial, mientras que la influencia islámica fue de tipo anecdótica.
Para estos autores, que rechazan el ascendente islámico de este arte, sería más acertada la denominación "arquitectura de repoblación" o "arquitectura fronteriza"
Siendo aceptada cada vez más esta tesis, hay que pensar que los mozárabes andaluces, expertos o no en arquitectura, recordarían plenamente las construcciones que dejaron en la Andalucía musulmana y que influirían en los artífices de las nuevas iglesias, fueran quienes fueran. Este hecho es innegable, ya que muchas de las manifestaciones más singulares y espectaculares de esta arquitectura (aunque se califiquen de "epidérmicas" o "formales") son de tipo islámico califal, como los ajimeces de arcos de herradura cerrados y de intradós y extradós no concéntricos, con resalte de alfiz, o los modillones de lóbulos que soportan los aleros. Un buen ejemplo de esta influencia musulmana y oriental es la enigmática columna-palmera que sostiene las bóvedas de San Baudelio de Berlanga de Soria.
Dicho esto, estas iglesias que seguiremos denominando "mozárabes" por tradición, presentan una serie de características que imprimen un sello de familia. Aquí aclaramos que no en todas las iglesias de este periodo y denominación se presentan todas, pero sí alguna:
  • Plantas muy variadas pero con tendencia a una disposición espacial muy compartimentada, como en la arquitectura hispanovisigoda.
  • Bóvedas gallonadas y esquifadas, con nervios, de ascendencia árabe.
  • Arco de herradura al estilo islámico, muy cerrada, con peralte de dos tercios del radio.
  • Alfiz enmarcando los arcos.
  • Pilares compuestos y columnas.
  • Capitel corintio con collarino sogueado.
  • Escultura a bisel de motivos geométricos (esvásticas, róleos, etc.)
Dentro del territorio que ocupaban el Reino de León y el Condado de Castilla, es decir la actual Comunidad de Castilla y León, Asturias, Cantabria y Galicia, las iglesias más importantes de estilo mozárabe conservadas son San Miguel de Escalada, Santiago de Peñalba, San Cebrián de Mazote, San Baudelio de Berlanga, Santa María de Lebeña y San Miguel de Celanova.
San Miguel de la Escalada (León)
San Miguel de Escalada se construyó hacia el año 913 y fue fundada por el abad Alfonso para una comunidad monástica de mozárabes procedentes de Al-Andalus. Tiene una planta basilical con tres naves, las laterales más estrechas y bajas que la central, separadas por columnas que soportan arcos de herradura más cerrados que los visigodos.
No tiene pórtico avanzado y presenta un vano de entrada en el lado occidental, aparte de las varias entradas laterales, que se encuentran tanto en el lado sur como en el norte.El crucero se abre mediante iconostasis y la cabecera tiene tres ábsides de planta ultrasemicircular al interior y cuadrada al exterior.San Miguel de Escalada está cubierta en su totalidad en madera excepto los ábsides que están cubiertos con bóvedas gallonada. En el lado sur tiene un pórtico lateral más tardío, con arcos de herradura sobre columnas con capiteles que imitan lo corintio.
Santiago de Peñalba (León)
La iglesia mozárabe de Santiago de Peñalba al parecer fue construida en la primera mitad del siglo X por el abad Salomón.
Estaba terminada en el año 937 y se encuentra en la parte alta del Valle del Silencio, cerca de Ponferrada, que parece que era un valle de eremitas.
Al exterior, el edificio se muestra como un conjunto armónico de diferentes volúmenes, que enriquecen la aparente sencillez de la planta, en el que destacan el tejado de amplios aleros.
Santiago de Peñalba es una iglesia también de ábsides contrapuestos. El occidental parece que tiene igualmente un carácter funerario.
Tiene una sola nave compartimentada en dos tramos. El más occidental se cubre con bóveda de cañón y en él estaría la entrada. El más oriental esta cubierto por una cúpula gallonada y sería el tramo equivalente al transepto. El acceso entre los dos tramos tiene arcos de herradura mucho más pequeños que el alzado de la iglesia. A imitación de muchas iglesias visigodas y asturianas, tiene una sacristía en cada extremo del transepto.
La cabecera es de un sólo ábside que está cubierto con cúpula gallonada y que tiene el perfil exterior recto y el interior de herradura. El arco de herradura que da paso al ábside, el arco triunfal, está enmarcado por un alfiz de influencia islámica.
Santa María de Lebeña (Cantabria)
Tradicionalmente se ha atribuido la fundación de Santa María de Lebeña a Don Alfonso y a su esposa Doña Justa, condes de Liébana, en el año 925.
El templo del monasterio mozárabe de Santa María de Lebeña es rectangular con tres naves, ligeramente más ancha la central, separadas por pilares de núcleo cuadrado con columnas. Estos soportan arcos de herradura que se apoyan en capiteles corintios con collarino de tipo asturiano.
Su cabecera plana, presenta una triple división interior, con el cuerpo central ligeramente avanzado respecto a los laterales, y arcos de medio punto.
La cubierta de los distintos espacios se realiza, de forma independiente, mediante bóvedas de cañón, longitudinales en la nave central y ábsides, y transversales en las naves laterales. Los aleros tienen modillones de lóbulos plenamente mozárabes.
Lo más bello de este templo mozárabe de Santa María de Lebeña es el espacio interior con su juego de distintas alturas que en el tramo central alcanza singular elevación.
San Baudelio de Berlanga (Soria) :Es de principios del siglo XI. Es una iglesia de trazado cuadrangular y presenta un gran soporte en el centro a modo de gruesa columna, del que salen unos nervios similares a hojas de palmera que configuran la bóveda nervada que cubre este espacio cuadrado.Las entradas son laterales y en la parte occidental aparece un coro occidental de dos pisos abovedado en la parte inferior, del que no se sabe su finalidad pero es posible que formara parte de un eremitorio y que fuera allí donde se colocarían los monjes.La cabecera está formada por un ábside único de testero recto en ambos lados. No se sabe por qué, hay una pequeña cámara con propia bóveda gallonada entre la techumbre exterior y la bóveda nervada que cubre el espacio cuadrado. San Baudelio de Berlanga es la iglesia más islámica de todos estos templos y posiblemente la más misteriosa y encantadora de todas ellas.
San Cebrián de Mazote (Valladolid)
San Cebrián de Mazote fue fundada por el abad Martinus (es una de las dos únicas iglesias junto a San Miguel de la Escalada fundadas por comunidades monásticas mozárabes procedentes de Al-Andalus). En esta iglesia monástica se pueden encontrar reminiscencias paleocristianas y visigodas: es una iglesia de ábsides contrapuestos.Parece que el ábside occidental se construyó para enterar a Genodio, un eremita que vivía cerca y que fue rápidamente santificado. Está cubierto en madera, lo que permite una iluminación directa. Los arcos son de herradura y tuvo que haber un iconostasio, aunque no se conserva.Se entra por ambos lados del transepto, que está rematado por dos exedras cubiertas con bóvedas gallonadas. La parte central del transepto es la parte más alta del edificio y está cubierto con una cúpula gallonada, hoy perdida. La cabecera es tripartita de testero recto al exterior pero al interior la capilla mayor, cubierta con bóveda gallonada, tiene un perfil herradura. Las capillas laterales tienen un perfil recto también al interior y están cubiertas con bóvedas de aristas. También se puede decir que la cabecera es trebolada, de influencia bizantina. El ábside contrapuesto también está cubierto con bóveda gallonada.
En la iglesia de San Cebrián de Mazote se conserva parte de un relieve proveniente de un cancel. Es una representación figurativa con dos personajes, que son figuras planas proyectadas en sólo dos dimensiones con los rasgos y vestimentas totalmente geometrizados, rodeados por cenefas con róleos con pequeñas flores y decoraciones geométricas.
Capilla de San Miguel de Celanova (Orense)
San Miguel de Celanova es una iglesia monástica de una comunidad muy pequeña. Su encantador y recoleto espacio interior no supera los 9 metros de largo.Tiene un primer tramo con la puerta de entrada en el lateral y cubierto con bóveda de cañón, un tramo equivalente al transepto probablemente cubierto con bóveda de aristas y un ábside enano con perfil recto al exterior y de herradura al interior y cubierto con bóveda gallonada. Tiene modillones en el exterior.San Miguel de Celanova rezuma sabor muy islámico gracias a sus numerosos arcos de herradura.
Otros templos de arquitectura mozárabe en estos territorios
El estilo mozárabe cuenta con otras importantes obras como:Santo Tomás de las Ollas (León) con su cabecera adornada por una arquería ciega de arcos de herradura
Santa María de Wamba (Valladolid) con su cabecera armónica.
Ésta es una representación de lo más notable, pero no todo lo que hay. A lo largo y ancho de Castilla y León, e incluso en Galicia y la cornisa cantábrica, se construyeron numerosos edificios hasta finales del siglo XI, más modestos y que nos han llegado parcialmente. Muchos de ellos son tan humildes que sólo son reconocibles por algún arco de herradura en la puerta o arco triunfal o por quedar alguna celosía en sus muros.Es seguro que a medida que se vayan desmontando retablos, y restaurando iglesias (sobre todo del románico rural) se irán descubriendo nuevos restos de esta manera de construir que más que un estilo artístico definido es una amalgama de tendencias en una época anárquica, con escaso orden político (fraccionamiento en reinos y condados) y dominada por la guerra, la religiosidad y un profundo anhelo de supervivencia.

NACIMIENTO DE LA ARQUITECTURA UNIFICADORA DEL SIGLO X ROMANICA

CAPITULO VI

Prerrománico Asturiano
La peculiar y sorprendente trayectoria de la monarquía asturiana desde su fundación en el siglo VIII, tras la invasión musulmana, hasta el traslado de la capital del reino a la ciudad de León no sólo dejó para la historia importantes avances reconquistadores sino un arte magnífico.
Este arte y arquitectura se ha dado en llamar "Arte Prerrománico Asturiano" o simplemente "Arte Asturiano".
Cuando se estructura el arte español creado desde la caída del Imperio Romano y la llegada del arte románico, se suele dividir en tres subestilos o periodos:
  • Arte visigodo o hispanovisigodo
  • Arte prerrománico asturiano
  • Arte mozárabe
Cada día esta clasificación "clásica" está más cuestionada por los estudiosos al avanzarse en el conocimiento de la interrelación de estas artes y fases.No obstante, no seremos nosotros quienes neguemos la originalidad e importancia del arte asturiano en sí mismo. Es más, ha de considerarse como un estilo propio y singular, diferente (aunque relacionado) con lo que hubo antes y vendrá después.
El arte prerrománico asturiano, aunque se encuentra entroncado ligeramente con lo visigótico anterior, tiene gran autonomía de formas y soluciones novedosas, más ligadas, incluso al arte carolingio y muy especialmente al tardorromano. El arte prerrománico asturiano tiene su lugar de desarrollo en la extensión que tuvo la monarquía asturiana en las primeras fases de la reconquista. Es decir abarca geográficamente la franja norte atlántica (Asturias y Cantabria) y Galicia. Esto es importante reseñarlo, pues a veces se cree que el arte prerrománico asturiano es sólo patrimonio de la actual provincia y Comunidad de Asturias. Como diversos estudios han revelado, en toda Galicia existieron numerosos edificios de este estilo. Actualmente muchos monumentos románicos gallegos se asientan sobre estructuras prerrománicas.
Cronológicamente, el arte asturiano abarca desde los primeros balbuceos del reino de Asturias, tras el impacto de la invasión musulmana y la posterior reorganización cristiana en el norte (siglo VIII) hasta las últimas manifestaciones propias del siglo X donde encontramos influencias ya mozárabes.
Otra idea que hay que resaltar es que, aunque lo más sobresaliente que nos ha llegado de este arte es la arquitectura, también se manifestó en otros terrenos artísticos como la escultura, la pintura y la orfebrería.
Arquitectura Prerrománica Asturiana
Origen e influencias en la arquitectura asturiana
El arte prerrománico asturiano está entroncado ligeramente con lo visigótico, pero con autonomía y soluciones novedosas, más ligadas, incluso a lo carolingio. Durante los siglos IX y X se van a erigir una serie de templos cuyas características más importantes van a ser la planta basilical con cabeceras de testero plano, cubiertas, en ocasiones, abovedadas, arcos de medio punto peraltados, columnas sogueadas y pilares, decoración con celosías...
Se establecen tres etapas genéricas en el desarrollo del arte prerrománico asturiano:
  • Etapa Prerramirense. Época de Alfonso II. Los edificios más importantes son:
    • San Julián de los Prados
  • Etapa Ramirense. Época de Ramiro I. Los edificios más importantes son:
    • Santa María del Naranco
    • San Miguel de Lillo
    • Santa Cristina de Lena
  • Etapa Postrramirense. Época de Alfonso III el Magno. Los edificios más importantes son:
    • San Salvador de Valdedios
    • Basílica de Santiago de Compostela II.
Etapa Prerramirense. Época de Alfonso II (791-842)
La actividad artística de este periodo fue financiada por el rey Alfonso II, que sabemos, entre otras cosas, que mandó regalos a Carlomagno declarándose federado de su imperio. Consecuencia  inmediata de esto es la influencia del arte carolingio en el asturiano, a la vez que crea una ciudad regia en Oviedo a imitación no sólo de la ciudad de Toledo, sino también es una presunta imitación de la ciudad palatina de Aquisgrán.
Alfonso II, para reafirmar su legitimidad histórica y su continuidad frente a la monarquía visigoda, reclamó a los árabes las reliquias de la catedral de Toledo, entre ellas las de Santa Leocadia, la Santa patrona de Toledo. Además de las de esta Santa, le llegaron otras reliquias que reunió en la cripta de Santa Leocadia. Se mantiene en tiempos de Alfonso II la liturgia visigoda, que frente a la carolina de procedencia romana, mantiene el iconostasio característico de la liturgia oriental.
Los testeros siguen siendo rectos por influencia visigoda, aunque aquí tienen tres capillas. También por influencia visigoda, aparece la cámara del tesoro (como la que había en Santa Comba de Bande o en San Pedro de la Nave), que en el mundo asturiano resulta mucho más nítida y fácil de apreciar aunque no conectan con el interior del templo sino que se accede a ellas desde el exterior. Se sitúan justo sobre la capilla mayor, entre el tejado y las bóvedas de dicha capilla, y requiere también la ayuda de una escalera de mano para acceder a ella.
Del arte carolingio recibe la influencia del West-Werk, aunque en este caso se trata de un cuerpo occidental muy atrofiado que sirve claramente como tribuna regia. El arco de medio punto y el muro articulado también parecen ser influencia del arte carolingio. El material empleado suele ser un sillarejo mal aparejado.
Conviene hacer alusión a la ciudad de Oviedo. Sabemos que tenía una cierta relevancia. Era más bien pequeña y en su centro estaba situada la catedral, dedicada al Salvador y que fue sustituida por la actual gótica. Al norte de la catedral había una iglesia dedicada a la Virgen cuyo destino era servir de panteón real. Al sur de la catedral estaba el palacio, entre cuyos edificios se encontraba la capilla palatina con la cripta de Santa Leocadia en el subsuelo. Al oeste del palacio se situaba la iglesia de San Tirso. De esta época son la Cámara Santa, San Tirso, San Julián de los Prados (Santullano) y San Pedro de Nora.
San Julián de los Prados (Santullano) San Julián de los Prados es la iglesia mejor conservada de esta época. En bable es San Tullán. Esta iglesia presenta un pórtico avanzado, tras el que aparece una nave compartimentada, la nave central más ancha, las laterales muy estrechas.
Tras las naves surge el iconostasio que da acceso a una gran nave transversal a modo de transepto en donde, sin lugar a dudas, se situaba el clero. A ambos lados aparecen dos salas. La teoría tradicional mantenía que son la prótesis y el diacónico (dos sacristías). Sin embargo, la teoría más avanzada y que se le corresponde más con los restos arqueológicos dice que la sala norte tenía dos pisos y que en el superior se encontraba la tribuna regia adonde se accedía desde el exterior a imitación del West Werk, por ejemplo, de la capilla de Aquisgrán, pero con unas dimensiones muy reducidas. Al final, aparece una cabecera de testero recto de 3 capillas.
En el interior hay una gran división. Los arcos son de medio punto. Hay restos de pintura mural que decoraba toda la iglesia. Era una decoración anicónica, de tipo geométrica y decorativa que enlazaba con la arquitectura de la monarquía visigoda, recordando los concilios y la corte visigodas. Todo está cubierto, con madera excepto la cabecera. En esta zona hay contrafuertes que se cree que son posteriores. Desde el exterior, sobre la capilla central, se puede ver una ventana tripartita que indica la existencia de la cámara del tesoro.
Etapa Ramirense. Época de Ramiro I (842-850)
En esta época se dan una serie de novedades respecto a la etapa anterior: los edificios presentan abovedamiento en su totalidad y ya de una forma definitiva se usa el arco peraltado, aquel en el que la altura del arco sobrepasa la semiluz. Además, se construye otra ciudad regia junto a Oviedo, esta vez en el monte del Naranco. Destacan el aula palatina de Santa María del Naranco y la iglesia de San Miguel de Lillo. También se ha conservado otra iglesia en la vía de comunicación entre Oviedo y León: Santa Cristina de Lena.
Santa María del Naranco Santa María del Naranco es la joya de la arquitectura prerrománica asturiana.Originalmente era un aula palatina de dos plantas, transformándose en iglesia antes de finalizar el siglo IX. Su aspecto de templete romano evidencia su uso inicial al margen del culto pues se diferencia de la estructura típica templaria tanto asturiana como visigoda. Exteriormente, tiene tres registros de vanos, pero el superior es una ventana que ilumina el belvedere y que tiene una función principalmente ornamental para hacer más esbelto el edificio.Son destacables las grandes ventanas de los frentes del piso superior que se articulan mediante tres arcos de medio punto peraltados que se apoyan en columnas de fustes sogueados con sus capiteles que imitan lo corintio. También son muy originales los medallones circulares situados encima de los salmeres.
Precisamente, este piso superior es el más importante. Tiene una planta rectangular rematada en sus extremos por dos belvederes y cubierta su totalidad por una bóveda de cañón sustentada y reforzada por arcos fajones. En los lados anchos del rectángulo, a un lado aparecían unas escaleras que permitían el acceso y al otro lado había un pequeño recinto a modo de capillita donde había un altar y una gran abertura hacia el exterior. Éste recinto se ha perdido, pero era especialmente importante en las solemnidades y en las ceremonias de corte.El piso inferior es igual. También está cubierto con bóveda de cañón reforzada por fajones, pero es menos esbelta para soportar el peso del piso superior. No tenía belvederes, sino dos puertas en los extremos. En los lados anchos, en un lado servía el acceso y en el otro lado factiblemente había una pequeña piscina, ya que quedan los restos de un desagüe.
Cada arco fajón, especialmente de la parte superior, se corresponde al exterior con un contrafuerte. Las arquerías sirven de ornamento pero también de refuerzo. Los arcos utilizados son peraltados. En el interior, cada uno de los arcos fajones terminan en una línea de impostas y se continúa mediante una pequeña banda que se remata en un clipio cuya decoración está muy ligada al mundo celta y anglosajón. Los belvederes están muy abiertos (por lo que el rey podía ser muy bien aclamado desde el exterior) y en el piso inferior también se hicieron vanos, pero básicamente por conseguir simetría. Las columnas tienen una decoración sogueada de influencia celta y los capiteles si tienen decoración vegetal, son muy rudos.
A través del ordo visigotorum, sabemos que en primavera, cuando el rey se marchaba a la guerra, tenía lugar un ceremonial de marcado corte religioso. El rey y el obispo accedían al piso inferior del aula palatina y el obispo introducía al rey en la piscina para que recibiera un baño litúrgico. Se le secaba y se le colocaba una túnica blanca. Inmediatamente después ascendían al piso superior.Una vez en el piso alto, al rey se le ungía, se le colocaba un manto y se le daba el lábaro, la cruz que debía presidir la batalla. Tras esto, parece que el obispo bendecía al ejército, que estaría esperando en el exterior, y el rey pasaría a ambos belvederes para que fuera aclamado por el pueblo.
San Miguel de Lillo  San Miguel de Lillo sería la iglesia palatina de la ciudad de Ramiro. El edificio fue tan ambicioso que se desplomó parcialmente, por lo que sólo la parte occidental es de ésta época; el resto es románico, aunque parece que se siguió bastante fielmente el estilo asturiano de lo derrumbado.San Miguel de Lillo tiene tres naves de cuatro tramos con un transepto bastante destacado y una cabecera tripartita de testero recto. Tiene dos capillas a cada lado del tramo que se considera transepto. Para cubrir en piedra un edificio tal esbelto, se intentó que las bóvedas de cañón fueran perpendiculares entre sí de manera que se sustentasen unas a las otras.Del West Werk, Lillo sólo conserva la tribuna regia, a la que se accede a través de dos escaleritas en el interior. En las jambas de la puerta, aparece una decoración que parece que imita un díptico de marfil bizantino, con dos escenas figuradas: un rey con dos cortesanos y un acróbata y una danzarina con un león rodeados por decoración geométrica. Se trata de una talla a bisel con sólo dos planos y formas muy geometrizadas, está muy relacionado con el arte visigodo. 
Santa Cristina de Lena Santa Cristina de Lena se encuentra muy cerca de Pola de Lena en el camino que unía Oviedo con la Meseta a través del Puerto de Pajares.Santa Cristina de Lena es una iglesia muy pequeña y con una planta muy sencilla, con una sola nave con un pórtico avanzado y un solo ábside recto igual al pórtico. Se la denomina la "iglesia de las esquinas" por la cantidad de ángulos que forman sus muros y contrafuertes.El muro estaba articulado igual que Santa María del Naranco, con arcos peraltados. La cabecera, a partir del iconostasio, estaba bastante sobrealzada respecto al nivel del suelo de la nave.El iconostasio presenta tres arcos sobre columnas con decoraciones sencillas y da paso a un transepto muy pequeño, que indica la existencia de poco clero, con dos arcos a modo de hornacinas en los extremos y la pequeña capilla de testero recto en el centro.           
Etapa Postrramirense. Época de Alfonso III el Magno (866-910)
Alfonso III mantiene la ciudad regia en Oviedo, pero las fronteras del reino se han extendido de manera espectacular. Llegan ya a Lisboa, Zamora y han traspasado la línea del Duero. El reino comienza a recibir muchos mozárabes procedentes de Al-Andalus que vienen a participar en las tareas de la repoblación.Precisamente, por esta influencia observamos arcos de herradura y el uso de alfices enmarcando los vanos. La iglesia más importante de este periodo es San Salvador de Valdediós
San Salvador de Valdediós (El Conventín) San Salvador de Valdediós se encuentra en el valle de Boides, situado lejos de Oviedo, al noroeste la región.Todo hace pensar que en este lugar el rey se construyó un palacio de verano. Se trata de una iglesia de tres naves con las dos cámaras laterales ambos lados del transepto y la cabecera tripartita.Presenta una tribuna en la parte occidental, que desde el exterior se ve por una ventana en la fachada. Está cubierto con bóveda de cañón. Presenta una cámara del tesoro.
Una de las características intersantes de la iglesia de San Salvador de Valdedios es que, dada su cronología avanzada, presenta ya influencias mozárabes como el empleo del arco de herradura y alfiz en los ventanales.Hay un pórtico lateral algo más tardío, que se considera antecedente de las iglesias porticadas del románico y que tenía carácter funerario.

NACIMIENTO DE LA ARQUITECTURA UNIFICADORA DEL SIGLO X ROMANICA

CAPITULO V

El capítulo de La Técnica, las Preferencias y el Entorno Constructivo Visigodo se desglosa en el apartado:


Hasta bien entrado en la segunda mitad del siglo VI, la construcción visigoda tiene como fuente, casi única, a la tradición paleocristiana bajo el modelo romano, o hispanorromano en nuestra península, aprovechando buena parte de los elementos y materiales procedentes de aquellas construcciones. Con posterioridad a dicha fecha se puede hablar de una construcción hispano-visigoda, con alguna influencia bizantina.
Este período, formula serias innovaciones y genera un modelo propio de planta -véase San Pedro de la Nave-, admitió una decoración fresca y orientalizante, introducida por maestros sirios y griegos, que se desarrolló en el área de influencia del gran taller toledano. Este, adquirió toda la supremacía y fijó importantes parámetros de calidad. Los avances tecnológicos y las innovaciones de diseño se deben, casi exclusivamente, al lógico desarrollo y dominio de los oficios alcanzado por los artesanos.
Si bien ya hemos ido exponiendo, en cada caso, las características de la construcción visigoda, señalaremos aquí, a modo de síntesis, algunas de sus singularidades más notorias.
La arquitectura visigoda ha de entenderse como funcional, en el sentido de que trató de cubrir las necesidades mínimas, desde lo espacial y dimensional, hasta la aceptación de los sistemas y materiales constructivos más inmediatos. Así, desarrolló su arquitectura en base a la piedra y a la madera, prefiriendo el pilar a la columna. El gran sillar bien labrado y aristado, para ser colocado en seco, se tiene como el elemento básico y desencadenante del sistema constructivo. La bóveda de cañón, pétrea, contribuye igualmente a esa inmediatez. Ella no se tiene como un elemento capaz de salvar luces mayores, sino que es entendida como un elemento con gran limitación de ámbito y, consecuentemente, es usada sólo en capillas y naves laterales. Desaparece la obra concrecionada, en el sentido del hormigón romano, aunque, en ocasiones, aparece en la parte alta de los edificios la mampostería irregular y argamasada, probablemente para no cargar, en exceso, a los débiles andamios.
En lo profesional, los visigodos terminaron siendo, en muchas artes y sobretodo en el de construir, una organización bastante jerarquizada, organizada en talleres que tomaron gran renombre, como el de Toledo y Mérida. Escultores, canteros, picapedreros y carpinteros, trabajaban en cuadrillas itinerantes, pertenecientes a un gran taller. Así, los arquitectos debían tener bastante comunicación entre ellos y debieron adquirir un papel importante en coordinar y mandar a un gran número de artesanos, a los que conocía muy de cerca.

ARQUITECTURA VISIGODA 

Desde la "legalización" del cristianismo en el imperio romano hasta la institución en la
península del primer reino visigodo -rey Gesaleico- en el año 507, las nuevas construcciones y su diseño son las romanas a una menor dimensión. Este período se denomina arquitectura paleocristiana y en él se adaptan los diseños romanos a las nuevas crencias cristianas. Se crean las basílicas, hoy, desgraciadamente, desaparecidas en la península.
La irrupción de los visigodos no supone una ruptura radical con la arquitectura romana. Es lógico, el nivel alcanzado por el antiguo Imperio es muy superior al que ellos mismos poseen. La transformación es más patente con el paso de los años y la evolución social y religiosa.
 Durante la primera época (Período arriano, 507-586), en el que el arrianismo es la religión oficial, se empieza a realizar alguna construcción de estética claramente hispano-visigoda. En la página de ennumeramos los restos más importantes de esta fase. Además de estos, por lo general basílicas, debemos de comentar que ya, a finales del S.VI, se crearon algunas construcciones variopintas de las que destacamos los siguientes:
  • Ciudad de Recópolis, Zorita de los Canes, Guadalajara. Los restos de una ciudad fundada en el año 578 por el rey Leovigildo en honor de su hijo Recaredo. Consta de un conjunto palaciego con ermita, viviendas, murallas, edificaciones militares... La iglesia es de una única nave, con atrio, crucero y ábside semicircular en el interior y exteriormente recto.
  • Iglesia de San Cugat del Vallés, Barcelona. De planta de una sola nave, rematada por un curioso ábside, poligonal al exterior y de herradura al interior.
Pero es ya en el el siglo VI (Período católico, 586 - 711), con la institución del catolicismo, cuando se las nuevas formas de construcción, basadas en las heredadas pero con una nueva estética y funcionalidad, florecen con personalidad propia. No nos queda prácticamente nada de este primer periodo de arquitectura visigoda católica. En Toledo podemos ver alguna colunmas decorada con bajorelieves a bisel, caliteles reutilizados -Mezquita del Cristo de la Luz-, y restos de fisos como en la Iglesia de San Salvador o la de San Bartolomé. Pero el ejemplo más importanteque nos queda de esta etapa de iniciación de estilo es la pequeña basílica de Ibahernando, en Cáceres. De planta rectangular, de una sola nave con pórtico y capilla.
Realmente, es en el S.VII, cuando aparece en la Península una forma de construir que denominamos arquitectura Visigoda, Visigótica o mejor Hispanovisigoda, ya que está circunscrita al ámbito peninsular. Las construcciones que nos han llegado en condiciones aceptables son escasas. El avance musulmán desde el año 711 -batalla del Guadalete- eliminó o modificó gran parte de las iglesias, principlamente en las grandes ciudades visigodas -Toledo, Tarragona, y Córdoba -, quedándonos ejemplos en algunas zonas rurales, aisladas, siendo por lo tanto, construcciones de poca importancia en su época.
 Las influencias que conforman esta arquitectura son variadas: romanas, paleocristianas e incluso bizantinas. Todas ellas convivieron en un principio con los reinos visisgodos, en algunos casos durante muchos años, como es el caso de la provincia Bizantina de Spania.
 Podemos establecer unas características que identifican esta arquitectura prerrománica. Estas, no siempre son representadas fielmente en todas las construcciones, pero si lo bastante son lo bastante clarificadoras como para identificar una personalidad artística:
  • Empleo de sillares -perfectamente tallados-, colocados a hueso -sin argamasa- y con aparejo de soga y tizón. Se conforman hiladas irregulares, de distinta altura, y en ocasiones, escasas, se emplean ladrillos.
  • Utilización, posiblemente por primera vez, del Arco de Herradura con características específicas:
    • Prolongación de su curvatura 1/3 del radio.
    • La línea del trasdós cae verticalmente sobre la imposta, no es paralelo al intradós.
    • No tiene una dovela clave, se utiliza la doble dovela.
El origen de este arco es incierto, posiblemente creación propia de los visigodos.
  • Los capiteles, sobre columnas o pilares, son de "tronco de pirámide invertida -troncopiramidal-" o de orden corintio muy esquemático.
  • Plantas muy compartimentadas, cruciformes circunscritas en un rectángulo o de estilo variado -basilical, de cruz griega, combinaciones- y cabeceras planas.
  • Las cubiertas de madera o de bóveda de cañon -arista, capialzada, vaída-. En los cruceros se utiliza la boveda de arista o la cúpula.  
  • Muros muy gruesos y con estrechas ventanas para soportar las pesadas bóvedas.
  • La decoración escultórica de los capiteles o frisos se basa en la repetición elementos geométricos, florales, animales y, en ocasiones, representaciones humanas. La talla es a bisel. No hay escultura exenta.



Pocas son las construcciones que nos han quedado, por lo general, al ser contrucciones religiosas, fueron destruidas o reutilizadas por los musulmanes. Debemos de indicar que las iglesias conservadas no corresponden a grandes nucleos urbanos, sino a ermitas aisladas, bien en monasterios o en pequeñas poblaciones rurales. Por eso, las construcciones actuales solo son un reflejo de lo que debieron se las grandes basílicas visigodas.

Podemos destacar las siguientes como más destacadas:

Iglesia de Santa Comba de Bande, en Santa Comba de Bande, Orense.
Edificada a mediados del S.VII en la ribera del Limia en honor de Santa Comba. De fábrica de sillares de granito con hileras irregulares. Su planta es de cruz griega inscrita en un rectángulo y con abside rectangular saliente. Dispone de dos cámaras laterales para descanso de peregrinos o vivienda de los frailes. En el crucero y sólo accesible desde una ventana del mismo hay otra cámara de discutible uso. El arco triunfal situado antes de esta cabecera, es de herradura y está asentado sobre dos columnas a cada lado.Estas columnas están coronadas con  toscos capiteles romanos rehabilitados.La decoración es escasa; una imposta perimetral labrada  con racimos de uva y una curiosa celosía de circunferencias situada en la capilla del  ábside.La cubierta, curiosamente realizadacon ladrillos,es de cañón peraltado sobre lo brazos dela planta que, en el crucero, se transforma en bóveda de arista capialzada con un pequeño cimborrio central.
·         Iglesia de San Pedro de la Mata, en San Pedro de la Mata, Toledo. El estado ruinoso de la iglesia nos permite dar unas características limitadas de la misma. Fue construida a mediados del S. VII como iglesia de un monasterio. Planta de cruz latina con una cabecera rectangular, inscrita en un rectángulo, ya que dispone de dos habitaciones laterales que supuestamente lo completarian. Sólo nos queda un arco, que arranca de dos pilares adosados al muro. Se supone que disponía de un arco triunfal de herradura. Sucubierta,probablemente, dispondría de una bóveda de cañón con un cimborrio central.

·         Iglesia de Santa María de Melque en San Martín de Montalbán, Toledo.

De datación y "clasificación" confusa, se considera a esta ermita como visigótica o mozárabe, dependiendo de los estudios que en ella se han realizado. Parece, en último caso, que la fecha de su construcción se remonta a época visigoda, pero muy probablemente fue terminada y utilizada por mozárabes. A estas dificultades se unen las distintas y desafortunadas ampliaciones y restauraciones. Su fábrica es de sillares irregulares de granito, colocados a hueso con pequeñas ventanas con arcos de herradura. Tiene una planta de cruz griega con tres capillas rectángulares en su cabecera, una central, el ábside y dos cuadradas a sus lados:
los absidiolos. La cubierta está realizada con bóveda de cañón, y el crucero con una cúpula hoy desaparecida. Dispone de gruesas columnas semicirculares unidas por arcos de herradura. Como
decoración podemos adivinar una imposta semiperimetral de tres líneas y ciertas representaciones esculpidas: flores, rosetones, geometrías... 

Basílica de Cabeza de Griego, en Cuenca. Poco se conserva de esta amplia iglesia del S.VII

parte del crucero y la cabecera rectangular. En su exterior se adivinan diversas impostas perimetrales con representaciones vegetales. Se puede suponer una planta basilical de tres naves, o de cruz latina con tres naves y dos cámaras laterales del ábside. Este dispone de dos pequeñasventanas abocinadas. Su cubierta, hoy perdida y sustituida por una de madera, era de bóveda de cañón en la nave central y el crucero. Las laterales tendrían una bóveda de aristas y el ábside, una vaida. Columnas romanas coronadas por dos toscos capiteles de piedra, con la representacióndel sol y la luna humanizados y escoltados por ángeles. Mantienen un arco triunfal decorado con figuras vegetales. Sobre él una representación de Dios Redentor.

jueves, 23 de diciembre de 2010

NACIMIENTO DE LA ARQUITECTURA UNIFICADORA DEL SIGLO X ROMANICA

CAPITULO IV

El capítulo de La Construcción Visigoda de la Arquitectura Religiosa se desglosa en los apartados:  no puede ni debe de sorprendernos que la construcción visigoda dedicara un amplio capítulo a la arquitectura religiosa y que ésta se desarrollara fundamentalmente en las zonas rurales, pues, como hemos dicho, se trataba de un pueblo profundamente cristianizado que, bajo una estructura feudal, ocupaba casi toda su población en atender la agricultura y la ganadería.

  LA  CONSTRUCCIÓN VISIGODA DE LA ARQUITECTURA RELIGIOSA.
El hecho de que ya el año 325 el obispo español Osio se desplazara a Nicea para presidir el Concilio III de aquella cuidad, nos permite afirmar que para esta fecha el Cristianismo en la Península Ibérica debía haber enraizado fuertemente. Por otro lado, admitir que hasta la llegada de los visigodos, dos siglos más tarde, no se construyeron en la Península Ibérica, iglesias cristianas, así como que estas se localicen fuera del propio dominio visigodo, nos obliga a formular hipótesis acerca de la dimensión de la población cristiana y de su forma de vida y comunicación en la sociedad hispanorromana.
Aunque hacia finales del siglo IV y durante el siglo V debieron construirse las primeras iglesias cristianas en la Tarraconense, éstas debieron ser pequeñas, poco significativas y levantadas fuera de las áreas urbanas; de forma que la no numerosa comunidad cristiana debió permanecer en pequeños focos diseminados al amparo de la sociedad hispanorromana y resolviendo sus problemas de congregación en villas tardorromanas, cedidas o abandonadas.
Así debió ocurrir con Santa Eulalia de Bóveda, en Lugo. De origen pagano, se compone de un amplio atrium abovedado, que debió servir de pequeña basílica con impluvium o piscina bautismal y cámara sepulcral. Esta, de menor anchura que el atrio, se localiza detrás del santuario o altar. Aún cuando pueda aparecer como basílica de tres naves por la presencia de dos filas de columnas, debe tenerse como basílica de una sola nave, pues, las columnas constituidas por tambores, debieron ser introducidas en los bordes del impluvium con el fin de apear la gran bóveda, cuyos restos originales hasta sus riñones aún podemos contemplar. Los restos de esta bóveda están decorados con pinturas de clara traza romana, probablemente originales, con cuarteles o rombos, con diminutos pajarillos y flores en su interior. En los últimos años, estas pinturas parecen estar acusando un considerable deterioro.
Los muros se constituyen por una sillería ordenada, de sillares perfectamente labrados  y trabajados a la forma romana, lo cual hace difícil admitir que este monumento sea de origen suevo o posterior. Los relieves de danzantes, labrados en la fachada, podrían ser posteriores.
En este apartado describiremos las características mas relevantes de algunas de las iglesias visigóticas que existen en la Peninsula ibérica

1.- TIPOS DE PLANTAS QUE ADOPTO LA IGLESIA VISIGODA.
No puede hablarse de una evolución de la planta de la iglesia visigoda, sino de unos tipos adoptados, vinculados, con reservas, a un área geográfica y desde luego ajenos al tiempo. Así podríamos hablar de "pequeñas basílicas de una sola nave con crucero", al referirnos a las tempranas iglesias de finales del siglo IV o principio del siglo V, de la Tarraconense, como ocurre con la iglesia de Sant Pere (San Pedro), en Terrassa (Egara romana), actual Tarrasa en la provincia de Barcelona. Esta iglesia conserva de su construcción original, su transepto y el ábside trilobulado. De esta misma época se tiene a la iglesia de Miralba, en León y a la Capilla de La Alberca, en Murcia; ambas "de una sola nave, pero sin transepto"; con ábside de herradura la primera y semicircular la segunda.
El arco de herradura es una forma oriental introducida desde muy temprano en las iglesias hispanorromanas y visigodas, no sólo en el arco triunfal, sino también en la planta del ábside, donde fue frecuente encontrarlo encajado dentro de un cuadrado. Entre las iglesias que conocemos como "basílica de tres naves con transepto", hemos de destacar la iglesia de Santa María de Tarrasa, cuyo ábside original, de herradura inmerso en el cuadrado, así como parte de los muros del transepto, definen la planta de cruz de la actual Santa María, la pequeña iglesia románica que fue levantada más tarde en la cabecera de la basílica visigoda.
También de este tipo de basílica de tres naves con transepto y ábside de herradura hemos de reseñar la que fuera la Catedral de Segóbriga, sede episcopal, también conocida como iglesia de Cabeza del Griego, que tomó este nombre por emplazarse en un predio así llamado, no lejos de la actual Sselice, en la provincia de Cuenca. Se trata de una gran basílica, probablemente de la primera mitad del siglo V y cuyos restos permanecen enterrados, después de que fueran excavados durante el siglo XVIII y vueltos a cubrir después de que se levantaran los planos que hoy nos sirven para describirla. Dispone de una nave central de casi 11,50 m. de anchura que se separaba de sus naves laterales por diez pares de columnas.
Estas naves laterales disponen de un ancho de casi 7,00 metros, distanciándose las columnas unos 4,20 m. entre sí. Un largo transepto definido por gruesos muros, y conformando cámaras sepulcrales, se antepone al pequeño ábside de herradura que sobresale, con esta misma forma, por el exterior de la cabecera de la iglesia. Esta basílica debió servir de cementerio o martyria, en el sentido más propio de las primitivas grandes basílicas paleocristianas.
Otra basílica de proporciones más acorde a la construcción visigoda es la introducida en el Anfiteatro de Tarragona. Esta, es posible que dispusiera de una sola nave, dada la corta distancia entre sus muros laterales. Estos muros romanos, adornados de columnas clásicas embebidas en él, apenas se separan 6,00 metros. Es posible que la única obra visigoda sea la introducción del ábside, en arco de herradura.
La iglesia de Vega del Mar cuyos restos, lamentablemente descuidados, se emplazan en el centro de un pequeño bosque de eucaliptos, junto a la playa, en la parte Sureste de San Pedro de Alcántara, en la provincia de Málaga, se tiene como "iglesia visigoda de doble simetría" o de doble ábside, y por ello, calificada de las de origen africano. Se trata de una basílica paleocristiana de tres naves, que ha sido datada, a partir de lápidas encontradas en sus abundantes enterramientos, como de principio del siglo VI,  aunque es posible que se construyera bastante tiempo antes. Aparte de la lógica relación existente entre la sociedad norteafricana bizantina de Cartago y el Sur de Hispania, poco puede tener de africana y probablemente menos de visigoda. Aunque mantenga la doble simetría que se dice de las iglesias africanas, no puede argumentarse que iglesias de este tipo se hayan encontrado en aquellas tierras, donde el doble ábside, en todo caso, sería de forma cuadrada. Los ábsides circulares, ligeramente prolongados, son formas claramente bizantinas. Hoy puede aceptarse que el doble ábside es de herencia hispanorromana y que se mantuvo hasta la etapa mozárabe como puede verse en Santiago de Peñalba, en León y en San Cebrián de Mazote, en Valladolid. Aunque en estas últimas iglesias mozárabes, la clara presencia del transepto no da pie a la flexibilidad que imponían los cambios de liturgia.
El sentido del doble ábside o de la doble simetría en la iglesia cristiana responde a los diferentes cambios litúrgicos que, en este tiempo, proponía la Iglesia para la posición de la pila bautismal, en relación con el altar. Por ello, cuando la liturgia ordenaba que la pila bautismal debía estar en la parte opuesta al Santuario, un ábside alojaba al altar y, en el caso contrario, el otro era lugar de privilegio para enterramiento de mártires, obispos, peregrinos y nobles. En el Norte de Africa los bizantinos cambiaron el lugar del santuario de Oeste al Este, copiándolo de Hispania.
Pero volviendo a la malagueña y, para nosotros, bizantina iglesia de Vega del Mar, la falta de espesor de los muros no deja duda acerca de que esta construcción debió cubrirse con armazones de madera y de que nunca fue pensada para cubrirse, en ningunos de sus locales ni naves adyacentes, con bóveda. La construcción abovedada, y por tanto de gruesos muros pétreos, es una de las constantes más propia de la construcción visigoda.
Sólo la cimentación y el arranque de sus muros se conservan. Estos últimos se conforman por medio de una fuerte argamasa, constituida por gruesos bolos o grandes cantos rodados aglomerados por un mortero de cal, casi un hormigón de tipo romano. Para definir y estabilizar las esquinas y huecos de la construcción, se refuerzan estos puntos con ladrillos, un material casi nunca usado por la construcción visigoda. Junto al ábside sur se emplazaba una pila bautismal marmórea de grandes dimensiones, con escalera, ya que el  bautismo era aún por inmersión del neófito. La pila, que aún se conserva en muy buen estado, es de clara traza bizantina o romana. Más de doscientas tumbas de ladrillo están reseñadas en esta necrópolis, que invaden el interior y el exterior de esta primitiva basílica, que puede tenerse como la primera iglesia de doble ábside, construida en la Península Ibérica. Más tarde, debió construirse también de tres naves y doble simetría la basílica de Torre de Palma, en la Lusitania sueva.  
La cruz latina, como forma de la planta de iglesia visigoda, la encontramos ya en el último cuarto del siglo VI, en Recóplis, la ciudad construida por Leovigildo hacia el año 578 en honor de su hijo Recaredo, cerca de Zorita de los Canes, en la actual provincia de Guadalajara. Con la llegada del siglo VII, momento en el que es más propio hablar de "Construcción Visigoda" la planta de la iglesia tomó una forma más controlada y abrigada, capaz de proporcionar una volumetría más propia, limpia y definida. Se adelantó el crucero haciéndose el espacio más centralizado, generando una "iglesia de planta de cruz latina envuelta por un rectángulo" donde la cruz resolvía las exigencias litúrgicas y los espacios externos a ella y cerrados por el rectángulo definían naves laterales, ábsides menores y locales auxiliares o de habitación. De este modo, el volumen religioso o de la cruz se elevaba hasta iluminarse por encima de las cubiertas de las naves o espacios laterales.    
De esta forma podemos ver resuelta la planta de la iglesia de Santa Comba de Bande, en Orense y la iglesia de San Pedro de la Nave, en Zamora, entre otras de las que estudiaremos seguidamente y que, por ello, no entramos aquí en mayor descripción.  
Aún encontramos otras plantas que no pueden ser tomadas como producto de los arquetipos que hasta aquí hemos enumerado. Así sucede con la planta de espacio centralizado de la "iglesia de San Miguel de Tarrasa" o con la planta de cruz griega de la "iglesia de San Fructuoso de Montelio" levantada al final del siglo VII, en Braga (Portugal). El ábside cuadrado e incluso la cabecera compuesta por distintos ábsides, como ocurre con la planta de la iglesia de San Juan Bautista en los Baños del Cerrato, tampoco fueron ajenos a este período histórico. Pero esta última iglesia, por ser pieza clave y relevante para el estudio de esta etapa, la trataremos con mayor detalle a continuación.

2.- LA IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS DE CERRATO.
Habiendo visitado Recesvinto los baños romanos de aguas medicinales, en la Pallantia (Palencia), en el Norte de la Tarraconense, en los que el rey visigodo sanó de una dolencia renal, decidió levantar junto a aquel lugar una iglesia en honor a San Juan Bautista, que terminó consagrándose el 3 de Enero del año 661.
Esta pequeña iglesia en la que la longitud mayor de su planta no supera los 20 metros y  de la que la arqueología parece no haberle encontrado ningún precedente al alejarse de la doble simetría propia de las iglesias africanas de ábsides rectangulares, desarrolladas en el sur de la Península Ibérica, ha soportado muchas excavaciones y sufrido bastantes restauraciones.
Construida con piedra caliza blanca-grisácea de marcada porosidad, probablemente, "piedra de Aguilar", de alguna cantera caliza próxima a Aguilar de Campoo en la misma provincia, su planta primitiva se tiene como de planta basilical de tres naves separadas por columnas, dotada de cabecera de tres ábsides rectangulares independientes. Estos, quedaban separados entre sí por espacios exteriores vacíos, dotándose la iglesia de un dudoso transepto definido por la longitud requerida para abarcar los citados ábsides. Mantiene de origen el cuerpo de acceso, saliente respecto al espacio de las naves, así como los muros que descargan sobre la arquería que define a la nave central, y el ábside principal. El referido cuerpo de entrada es de proporciones similares a las del ábside. Por último, es posible que, la planta de esta iglesia, dispusiera de pórticos laterales.
En razón a la forma de su cabecera, de ábsides separados, y de su transepto, esta planta pareció siempre extraña y única, hasta que en 1981 se descubrió la iglesia de Santa Lucía de Alcuéscar, en Cáceres, que hasta entonces se había tenido por establo, teniéndose ahora como un tipo de iglesia de las que, al menos cuatro de ellas, están datadas como del tiempo de Recesvinto. Por esta razón, actualmente se especula acerca de si realmente San Juan de Baños fue levantada por el citado monarca visigodo o si el referido motivo de salud de Recesvinto sólo originó una de las muchas reconstrucciones de las que fue objeto esta iglesia, a lo largo de la etapa medieval.
Hasta la etapa gótica no se acabó de definir la planta de la actual iglesia. Para entonces, se cerraron los espacios que, a modo de capillas, vemos ahora a uno y otro lado del ábside central resueltas con bóvedas de aristas, de forma que resultó una cabecera tripartita recta. En este punto es donde la planta mantiene su mayor amplitud. 
La planta actual no puede definirse como de una iglesia con transepto, aunque exteriormente parezca manifestarse con una nave transversal delante de la cabecera, señalada por la presencia de los contrafuertes exteriores localizados en este punto y porque los muros laterales se quiebran en este mismo lugar. Por otro lado, la corta e idéntica luz de los arcos de la arquería, incluso los que entestan en la boca del ábside, permiten generar dudas acerca de que el transepto, como tal, estuviera presente en la forma primera. La cubierta que aunque  muy restaurada se tiene como ligeramente fiel a la primitiva, se resuelve como artesa de la nave central, descargando sobre el muro del arco triunfal. Para ello, debió desmontarse parte del piñón original según muestra un grabado antiguo y como veremos  más tarde. Su nave central se separa de las laterales por sendas arquerías de cuatro vanos, resueltos mediante arcos de herradura que descargan sobre gruesas columnas romanas, lisas y monolíticas, dotadas de capiteles corintios de diminutas volutas y basas áticas de cortos basamentos cuadrados de esquinas matadas.Coincidiendo con la clave de los arcos de la arquería que acabamos de señalar, y por encima de ellos, se abren pequeños y prolongados huecos, abocinados y coronados por arcos de herraduras que, a modo de saeteras, proporcionan una tímida iluminación a la nave central.
Las columnas marmóreas son reutilizadas y proceden de otros edificios romanos. Igualmente puede decirse de la mayor parte de los capiteles corintios, en los que el corto desarrollo de sus acantos, manifiesta la labra propia de un trabajo tardorromano, aunque también pueden verse capiteles de clara labra visigoda.Los arcos de herradura de las arquerías que separan las naves, presentan una labra y ejecución magnífica y, se dice que responden a una forma de construcción propia de los arcos de medio punto, por disponer los salmeres o dovelas de arranque, comunes; es decir, de una sola pieza para dos arcos contiguos. En todo el arco las dovelas presentan total simetría, y un perfecto trazado y ajuste. De esta forma, en la clave de estos arcos de herradura, encontramos la práctica visigoda de disponer "clave de dos dovelas", estando este punto central del arco definido por la posición de una junta. No se resuelve así el arco de herradura de entrada al edificio, ni el arco triunfal del santuario o capilla mayor, en los que, en ambos casos, se coloca una dovela de cierre en la clave, en razón de que esta, se decora con una cruz de brazos ensanchados.
Si bien la fábrica de los muros, en el exterior, es muy irregular, dotada de grandes sillares en las esquinas y en la parte baja de los mismos y con áreas de mampostería ordinaria de pequeños mampuestos cargados de gran cantidad de argamasa, aunque en el interior, la sillería es enormemente regular. Los bloques pétreos, de una dimensión media de paramento de 64x30 cm2., están perfectamente aristados y ajustados, y podría tenerse como una sillería a hueso.
En el encuentro de los muros que cerraron las capillas góticas con los muros de la construcción visigoda, puede verse cómo se mantiene una junta vertical continua, sin ninguna ligazón ni traba entre una y otra obra. 
Sobre el arco de entrada, se alza ahora una espadaña de perfecta sillería isodoma, introducida en el edificio en la restauración de la segunda mitad del siglo pasado. El único hueco que dispone la espadaña se resuelve con un arco de herradura bastante cerrado o sobrepasado, que se alza sobre una fuerte imposta.
La cubierta de doble vertiente, de faldones de tejas curvas y moderada pendiente, fue la forma habitual de la cubrición de los edificios de este período histórico. En el caso de San Juan de Baños de Cerrato, la actual organización de los faldones de la cabecera y nave central es un tanto extraño. Para lograr la forma actual debió demolerse el piñón triangular del muro de la boca del ábside, que se refleja en el grabado antiguo al que hemos hecho referencia anteriormente y recrecerse los de los fondos de los ábsides. En toda planta en "T", la solución más inmediata es proyectar los dos cuerpos como naves longitudinales y resolver su intersección. La estructura leñosa que soporta al material de cubrición responde a la tipología de "par e hilera", con tirante simple e independiente.  La hilera es una viga que se sitúa bajo la cumbrera de la cubierta, recorriendo el eje de simetría de la nave, que es descarga y recogida por las cabezas de los pares simétricos. En este caso, el pie del par descarga directamente en el muro, de manera que el tirante no forma parte estructura de la armadura o cuchillo sino que su única función es la de arriostrar la coronación de los muros de la nave central. En este caso, los pares con una sección transversal o escuadría de 12x18 cm2. se separan entre sí 52 cm., con lo que la distancia a ejes entre ellos es la longitud de un sillar. La longitud del sillar es de una vara, unos 64 cm. Los tirantes, con escuadría de 12x24 cm2. se colocan debajo de los pares alternos, de forma que la distancia entre ellos es de dos sillares o 1,30 m. y como hemos dicho no se genera ningún tipo de armazón cerrado. Sobre los pares contiguos se apoyan y sujetan las tablas que constituyen la tablazón continua que puede verse desde el interior de la iglesia. Sobre esta tablazón se reciben las tejas curvas que conforman la cubierta. En las naves laterales donde la cubierta es en cobertizo; es decir a una sola vertiente, los pares o vigas se colocan aún más juntos, siendo 40 cm. la distancia que separa a uno de otro.
Al margen de la belleza de la fábrica y del suave colorido que la tenue luz impone en ella, así como de la sobriedad del arco del ábside principal, que quizás sean los elementos más armoniosos del interior de la construcción, pocos elementos contribuyen a la decoración de la iglesia. De los bellos canceles y otros elementos pétreos decorativos que al parecer tuvo la iglesia, según se deduce de los restos arqueológicos hallados en ella, sólo discretas cenefas permanecen sobre su estructura muraria. Rodeando las dovelas del arco de entrada a la iglesia, una moldura de ruedas florales, flores de cuatro pétalos a modo de aspas, marca el intradós del arco conformando una suave arquivolta. 
Toda la coronación del muro de la nave central se ve recorrida por un delicado cordón de roleos vegetales, labrados sobre sillares propios y de la altura adecuada. Las impostas de arranque de los arcos se engalanan con roleos florales, de igual trazado y categoría a la descrita para la arquivolta del arco de entrada. Particular interés muestra la imposta localizada en la cabeza de las pilastras del arco del ábside central, por su belleza y profundidad de labra
3.- SAN PEDRO DE LA NAVE EN ZAMORA.
Sin que se disponga de una inscripción fechada, como ocurre con San Juan de Baños, a San Pedro de la Nave hemos de datarla a partir de sus propios elementos constructivos y de la calidad de ejecución de los mismos. Esta construcción es ya una obra puramente visigoda, con sus capiteles y elementos labrados y ejecutados para ella. Sus muros labrados con sillares medianamente grandes, bien aristados y aparejados a hueso en hiladas completas de cabezas o tizones sobre hiladas a soga, probablemente responden al mejor momento de la construcción visigoda en España, que debió coincidir con el último tercio del siglo VII, y por ello, la tendremos como de ese momento histórico.
Quedó emplazada a la orilla de un remanso del Río Esla, a unos 20 Km. de Zamora. El año 1932, con motivo de la construcción del embalse que hoy ocupa dicho lugar, se trasladó la construcción a una pequeña meseta en Campillo de Arenas, en la misma provincia. Las obras de dicho traslado fueron encargadas al arquitecto Alejandro Ferrant, que realizó un trabajo minucioso y modélico.
Del esmerado traslado, la iglesia quedó limpia de las pobres construcciones domésticas que se habían pegado a ella y de la espadaña moderna que se le había incorporado como campanario. Asimismo nos quedó una buena documentación gráfica y otros datos nada conocidos hasta entonces, tales como que los visigodos habían utilizado, en ocasiones, llaves internas de madera para enjargar o unir dovelas y otras piedras de la fábrica, entre sí.
La planta de San Pedro de la Nave quedó perfectamente definida por Lampérez en las páginas 186 y siguientes del tomo I de su "Historia de la Arquitectura Cristiana en la España Medieval". Nosotros no la transcribimos aquí por no alargarnos excesivamente en ello. Junto con Santa Comba de Bande, su planta responde a la tipología que hemos definido como de espacio central cruciforme, inscrito en un rectángulo. Sobre un rectángulo que exteriormente dispone de unas dimensiones, muy próximas a los 17,00x11,00 m2., se superpone la planta de cruz, de manera que la nave transversal, que se orienta en la dirección Norte-Sur, divide al rectángulo en dos zonas claramente diferenciadas. La parte occidental se ordena con forma basilical de tres naves, en tanto que en la parte oriental, bastante más compartimentada, se instalan, fuera de los brazos de la cruz, celdas para los monjes residentes. Esta parte delantera de la iglesia resolvió todos sus espacios mediante bóvedas de cañón corrido, ligeramente peraltado sobre sus arranques.
Los brazos de la cruz que conforman el transepto traspasan al rectángulo, adelantando sendos vestíbulos en sus extremos, ya que en cada uno de ellos se sitúan entradas a la iglesia. Igual ocurre con el brazo de la cruz que resuelve la cabecera del templo, en cuya prolongación se sitúa el santuario o capilla mayor, que se manifiesta limpiamente al exterior.
La nave central, que dispone de 3,40 m. de ancho, se separa de las laterales por una arquería de tres vanos, resuelta por arcos de herradura sobre pilares cuadrados. El crucero, como resultado de la intersección de la nave central con la transversal que dispone de 3,20m. de ancho, presenta, en planta, una superficie de 3,40x3,20 m2., aunque a la altura del cimborrio, genera un espacio de planta cuadrada. Para ello, los arcos laterales de herradura o paralelos al eje principal de la iglesia, se adelantan sensiblemente respecto a los muros de su nave central, aprovechándose de los fuertes cimacios, o impostas, colocados sobre las columnas del crucero.
Mucho se ha hablado y escrito desde que Vicente Lampérez describió esta diferencia de 20 cm. entre los lados del rectángulo, achacándolo a un error de replanteo, llegando a decirse, por otros historiadores, que ésta fue la causa de que la construcción se parase y se buscaran nuevos constructores que la continuasen. Esta y otras conjeturas se han hecho en relación con ese hipotético error de replanteo que nosotros no compartimos, o no concedemos tanta importancia, ya que no encontramos nada justificada la tinta gastada en la en la polémica, ni siquiera admitiendo que el crucero se cubriera con bóvedas de aristas. Admitiendo que lo fuere, un error dimensional de esa magnitud se puede encontrar en cualquier obra, y durante su ejecución, se asume y corrige, como aquí, sin mayores tribulaciones. La iglesia de los Santos Sergio y Baco de Constantinopla, que puede tenerse como la construcción peor replanteada de la Historia, resuelve su deambulatorio, lugar donde se acumulan todos los errores, mediante bóvedas de aristas, sin mayor respeto al cuadrado.
Por otro lado, que la anchura de la nave central sea mayor que la de la nave transversal ha sido siempre, no sólo frecuente, sino lógico, y siempre se ha articulado alguna solución constructiva para pasar al cuadrado o al círculo de arranque de la bóveda o cúpula. En San Pedro de la Nave, para cuadrar el espacio del cimborrio, si se quería perfectamente cuadrado, hubiese bastado con mantener los arcos laterales en el plano del muro y volar, por encima de la coronación de  los arcos, una cornisa, y sobre ella, adelantar el muro del cimborrio. Esta solución se ha usado en múltiples ocasiones.
También, en relación con este mismo problema, se ha dicho que las cuatro columnas del crucero y sus correspondientes cimacios decorativos, fueron introducidos como consecuencia del citado error de replanteo. Con toda seguridad, son estas cuatro columnas, con sus preciados capiteles de traza bizantina y labra visigoda, y los cimacios que sobre ellas se colocan, como impostas decorativas de los cuatro grandes arcos de herradura, los elementos que han dado a la iglesia su reconocimiento y mayor belleza. Por ello, entendemos que si el proyectista, o constructor, entendió el rectángulo como problema, la solución que encontró para la transición de la forma rectangular de la planta del crucero, al cuadrado del cimborrio, fue genial y no cabe, en lo sucesivo, hablar de error. Al menos nosotros no lo haremos, y la entenderemos como una de las soluciones que, tomadas en la obra, completan al proyecto.
Los muros se conforman por medio de una sillería bien escuadrada y aristada, colocada a hueso. Como hemos dicho, hiladas completas de sogas sobre hiladas completas de tizones, aunque frecuentemente encontramos un tizón entre las sogas, en razón de la corta dimensión del muro, por el compromiso de estabilidad en la esquina y por el lógico aprovechamiento de la piedra. El encaje de los sillares es tan perfecto que Lampérez llega a calificar a la sillería como "de obra romana". Toda la construcción parece responder a un módulo de 80 cm., coincidentecon el espesor de losmuros y con la longitud mayor del sillar. Como una constante de la arquitectura visigoda, encontramos, en esta construcción, la falta de traba o adarajas entre los muros perpendiculares y el muro perimetral en el cual entestan.
Las columnas son monolíticas, de mármol y hechas para esta construcción. Se puede decir que en San Pedro de la Nave se encuentran los más bellos capiteles de la construcción visigoda. De traza bizantina, troncopiramidal invertido, aire oriental y labra visigoda, muestran figuras bien recortadas sobre un profundo plano neutro. Estos capiteles, reflejan motivos bíblicos, como el sacrificio de Isaac o Daniel en el foso de los leones. No menos potentes y ricamente labrados con roleos vegetales, son los cimacios de estos capiteles, que conformados por una gruesa losa cuadrada, se prolongan, adentrándose fuertemente en los muros, sirviendo, además, de impostas del arco triunfal y del crucero.
En general, los arcos son de herraduras, de claro trazado visigodo, con salmeres compartidos y muestran una junta en clave. Es decir, sin dovela de clave, o de doble clave, como ya los hemos descrito al estudiar la iglesia de San Juan de Baños.
En la mitad oriental, todos los compartimentos incluyendo el transepto, están abovedados por medio de cañones circulares peraltados. El crucero debió estar cubierto con bóveda de aristas. Como ocurre con algunos de los arcos de la nave central, buena parte de las bóvedas se completan, a partir de los riñones, con obra de ladrillo. Lampérez, en la descripción del monumento, que es anterior al traslado llevado a cabo por arquitecto el Ferrant, afirma que sólo la obra pétrea es visigoda, ya que fue este el único material que empleó esta construcción, y que todas las partes de ladrillo que, para entonces, completaban a los arcos y a las bóvedas, eran debido a restauraciones posteriores. Obviamente, nosotros así lo entendemos. También son de ladrillo, las obras que, con dicho material cerámico y buen criterio, introdujo y marcó claramente la restauración de Ferrant, y que como obra nueva realizó entre otros elementos, el cimborrio, toda la cubierta y la apertura de la puerta de entrada por la nave principal, la la cual había estado cegada durante mucho tiempo.  
La cubierta que como hemos comentado es nueva, debe mantener un total acercamiento respecto a la de la construcción inicial, y esto hace que la imagen final, o su volumetría, deba ser muy próxima a la que debía presentar la iglesia cuando se consagró. Resuelta como la de San Juan de Baños, responde a la tipología de "par e hilera" con tirantes. Estos últimos, colocados bajo pares alternos.
La decoración de San Pedro de la Nave se reduce a la labra decorativa de los capiteles y de los potentes cimacios. También siguiendo las descripciones de Vicente Lampérez, en su obra ya citada, los trabajos de la talla de la piedra se han clasificado en dos grupos, o categorías. La primera, que el indudable maestro califica de "degenerada" o de la escuela bárbara, corresponde al trabajo más tosco, dentro del cual sitúa al capitel de Daniel en el foso de los leones. En la segunda, que dice de influencia claramente bizantina, cargada de motivos orientales y de talla más fina, encajarían los roleos de aves y el capitel del sacrificio de Isaac. Nosotros que no nos sentimos capaces de establecer diferencias tan claras, sólo queremos comentar que es posible que el trabajo se desarrollara por dos o más cuadrillas distintas, dado que fue normal, en este período, la existencia de cuadrillas especializadas itinerantes, no sólo en el trabajo de la talla, sino en muchas otras labores artísticas.
4.- SANTA COMBA DE BANDE, EN ORENSE
Esta pequeña iglesia gallega, de clara construcción visigoda, levantada probablemente hacia mitad del siglo VII en honor de Santa Columba, presentaba en su planta original un trazado muy similar al de la planta de San Pedro de la Nave. Es decir, planta cruciforme inscrita en un rectángulo, en cuyos espacios externos a los brazos de la cruz, se disponían las celdas que debieron ocupar monjes ermitaños. La única diferencia, de la planta inicial, respecto a San Pedro de la Nave es que, en este caso, no dispone de planta basilical de tres naves.
La desaparición de las alcobas que rodearon a la cruz, dejó a la iglesia con un aspecto menos monumental, probablemente más delicado y rural. Sus muros se levantaron con grandes sillares de granito en una sillería bien labrada y aparejada. Acorde con la práctica de la construcción visigoda, los muros perpendiculares a los perimetrales se entestan sin trabas o con ausencia total de enlace o sillares de enjarjes.
Se trata de una construcción abovedada, con cañones de medio punto en el ábside y en los brazos de la cruz. En estos últimos, las bóvedas son ahora de ladrillo, probablemente producto de algunas de las reconstrucciones posteriores. Dispone de arco triunfal de herradura, de dovelas muy irregulares, descargando en pares de columnas, a la entrada del santuario. Estas columnas pareadas, marmóreas y monolíticas se adornan con capiteles corintios de toscos acantos, muy cortos o poco desarrollados. Sobre ellos se colocan los cimacios o impostas del arco del ábside, común a los pares de columnas y decorados en espiga o en zig-zag. El crucero se resuelve mediante bóveda de aristas sobre arcos circulares, de dovelas regulares. Hoy esta bóveda está construida en ladrillo, como las bóvedas de cañón de los brazos de la cruz.
La iglesia ha tenido varias reconstrucciones y como consecuencia de ellas, su volumetría es muy distinta a la que debió presentar inicialmente, mostrando ahora un aspecto bastante rural y asimétrico. La decoración es muy escasa, pues aparte de los capiteles y de los cimacios ya descritos anteriormente, sólo una decoración de soga o de cordón trenzado recorre al crucero. La espadaña que se alza sobre el muro de fondo del pórtico de entrada, debe ser también un elemento extraño a la construcción primitiva.
5.- LA DECORACIÓN DE SANTA MARÍA DE QUINTANILLA DE LAS VIÑAS (BURGOS).
Santa María de Quintanilla de las Viñas, en la provincia de Burgos, es probablemente la última construcción visigoda del siglo VII. Se tiene, con acierto, como una obra tardía del período que estamos estudiando. Debió tener una pronta reconstrucción, hacia primera mitad del siglo VIII, en la que quizás fuese terminada la obra que hoy conocemos, según se deduce de algunos documentos de finales del siglo IX e incluso de algunas inscripciones realizadas sobre algunos capiteles, probablemente en la citada restauración.
De esta importante basílica que pretendía aglutinar la gran población que se afincaba en el valle de la Peña de Lara, sólo queda parte de  la cabecera. Es decir, la capilla mayor y parte de la nave transversal, y es, más que probable que, la iglesia no llegara a terminarse e incluso que buena parte de los muros del cuerpo basilical no alcanzaran su coronación.
La planta responde a una cruz latina con una nave transversal que se prolongaba con dos capillas rectangulares en ambos extremos. El  cuerpo principal de la basílica de la que sólo queda su cimentación, parece querer retomar la propuesta paleocristiana, en la que la nave central tomaba un ancho doble del que tomaban las naves laterales. El trazado de esta parte del templo puede apreciarse aún sobre el terreno, donde todavía se mantiene el arranque de los  muros. En la parte oriental del transepto sobresale la capilla mayor, a modo de ábside cuadrado.
Los gruesos muros de la capilla mayor y del transepto
responden a una sillería muy ordenada y decorada. Esta fábrica de grandes sillares totalmente escuadrados y asentados a hueso, mantiene perfectamente sus hiladas y, su aparejo, alterna hiladas completas de sogas  con hiladas de tizones de testas perfectamente cuadrada. La altura de las hiladas se mantiene muy regular y próxima a los 50 cm.. Entre estas hiladas de sogas y de tizones, se interponen hiladas decoradas con roleos de tallos, de forma que, sobre el frente exterior del ábside, se manifiestan, a distintas alturas, como tres frisos planos que rompen la sobria monotonía de la potente cantería.
La iluminación de este cuerpo de cabecera de la iglesia se resuelve mediante un conjunto de altas ventanillas abocinadas por el interior, que se asoman al exterior como finísimas saeteras, mostrándose como graciosas y larguísimas rendijas verticales de la sillería.
En la cara occidental de la construcción actual puede verse como entestando, sin ningún sillar de traba, se cerró el espacio del transepto que comunicaba a éste con la nave central de la basílica, probablemente con los mismos sillares que componían la fábrica de los muros inacabados de las naves.
La cubierta que dispone hoy la parte construida, supone un trazado un tanto extraño y no responde, en nada, a una forma ortodoxa en relación con la planta en "T" de la construcción. Lo artificioso de la construcción de esta cubierta, sin hoyas y pares leñosos, se hace más visible desde el interior del transepto. De un pabellón a cuatro agua, con cumbrera transversal al transepto, se descuelgan o prolongan los medios faldones delanteros para cubrir los cortos brazos de la nave transversal, de forma que los muros tuvieron que recortarse, en su coronación, en pendiente, lo cual genera una cierta desorganización de la fábrica en la parte alta de los muros. Otro tanto ocurre como consecuencia de esta forma de los faldones de las alas del transepto en el alero, resuelto con cortos canes en esviaje.
Sin duda, el mayor valor de Santa María de Quintanillas de las Viñas es la delicada decoración pétrea de su exterior e interior. Esta es la razón, intencionada, del titulo con el que se ha enunciado este punto. Los tres frisos exteriores a que hemos hecho referencia y que se disponen alternadamentea otros tantos niveles de la sillería, están labrados con magistral perfección sobre la piedra colocada. En el primero o más alto, los roleos de sogas alojan cuadrúpedos animados. Los roleos del friso intermedio, donde algunos, inacabados, muestran sólo su sólido capaz, se constituyen en impostas de las delgadas ventanillas y muestran pavos y otras aves, así como flores de seis pétalos radiales y anagramas cristianos. En el friso más bajo, como ocurre en la arquivolta del arco triunfal, un tallo ondulado va organizando la decoración floral, que aloja en sus ruedas: árboles, racimos de vid y lirios o azucenas. Es posible que por Santa María de Quintanillas de las Viñas pasaran más de una cuadrilla de maestros canteros, como fue habitual en estas construcciones; no obstante, la identidad de los trabajos es muy coherente.
En la decoración interior, los meandros vegetales de la potente arquivolta que acabamos de describir, parecen contagiarse de la suavidad de las curvas de los ángeles que sostienen el medallón de Cristo, en los fuertes cimacios del arco triunfal. Estos cimacios descansan directamente sobre las monolíticas columnas, sin que medie capitel alguno. De igual categoría, han de considerarse las metopas labradas en bajo relieve que reflejan las figuras de los apóstoles que encontramos, en exposición, en el interior del monumento y que constituyen dos joyas de la iconografía figurativa del arte visigodo español.
6.- LA MARTYRIA DE SAN FRUCTUOSO DE MONTELIOS  EN  BRAGA  (PORTUGAL).
En Portugal, entre otras muchas iglesias de este período, son dignas de destacar San Giao de Nazaré, cerca de la actual Caldas de Rainha; San Pedro de Balsemao, al Sur de Vila Real y San Fructuoso de Montelios, al Oeste de Braga. Las dos primeras podrían tenerse, por su planta, como iglesias del tipo de San Pedro de la Nave o más exactamente como del de Santa Comba de Bande, que ya hemos estudiado. Nosotros, para no alargarnos más en este capítulo, sólo nos detendremos, dada su singularidad, en reseñar algunas peculiaridades de San Fructuoso de Montelios, que a pesar de construirse cuando ya se había superado la primera mitad del siglo VII, pues se tiene como del año 660, parece una construcción romana, o bizantina, más que visigoda.
Esta construcción cuya planta puede responder al arquetipo del Mausoleo de Gala Placidia, e incluso al de los mausoleos de los emperadores romanos de Constantinopla, fue mandada a construir, próxima a la costa, por el propio obispo Fructuoso de Braga. Es muy posible que cuando decidió su construcción estuviera pensando en su propio martyrión. No obstante, antes de su muerte, que ocurriría cinco años más tarde, pidió no ser enterrado en el interior de la misma, sino junto a ella. El año 1932 sufrió una restauración, de la que según el arquitecto D. Manuel Gomez Moreno, y el profesor Helmut Schlunk, quedó muy alterada.
La planta es una cruz griega con espacio centralizado y capillas circulares en tres de sus brazos, siendo en realidad, el edificio, una sala cupulada con vestíbulo y tres exedras o alcobas. El espacio central cuadrado puede tenerse como un crucero, que se cubre con cúpula esférica sobre cimborrio y cortas pechinas, quedándo el sitema sostenido por cuatro arcos de herradura. Estos arcos traspasados son apeados por la solución bizantina, que ya se aplicó en Los Santos Sergio y Baco y en Santa Sofía, del tímpano perforado por tres arquillos, aquí, también de herradura, siendo el del centro ligeramente mayor que los colaterales. Este juego de arcos se descarga mediante dos columnillas lisas y monolíticas, dotadas de capiteles corintios.
Dentro de las capillas circulares se disponía un espacio central rodeado de un deambulatorio, a modo de baldaquino, cubierto con pequeña cupulilla sobre columnas, cuatro en las capillas laterales, y seis en la capilla del fondo.
El friso que recorre las impostas de las pilastras de los arcos de herradura, con apeo tripartito sobre columnillas de basa ática doble tórica del crucero de San Fructuoso de Montelios, no es sino un despliegue plano de la rica decoración de sus propios capiteles, con sus tres niveles de acantos cincelados. Esta bella talla puede tenerse como una joya de la labra en piedra.
El hecho de que, exteriormente, el muro, se quiebre creando cortos nichos o rehundidos de arcos ciegos, así como que se dispongan serios frontis en sus fachadas frontales, pone a la construcción más cerca de dichos arquetipos