¡Por
fin!. Tras tres semanas agotadoras y estresantes de trabajo en el estudio, había podido
escaparme de la agobiante
urbe de Madrid para descansar en el viejo pazo familiar, una antigua
construcción del siglo XV que siempre había pertenecido a mi familia y que yo había heredado
de mis padres, no tengo muy
claro lo que hacer con ella solo lo utilizo como refugio para escapar de la ajetreado
día a día. Y aquí estoy frente a la antigua verja de hierro forjado del viejo palacete,
salgo del coche y empujo los dos lados de la verja abriéndola de par en par y
durante un instante me quedo observando lo que tengo delante de mí y
narrándomelo para mí en el silencio de aquel atardecer, los recuerdos que aquella vista traían
a mi mente.
Frente a la entrada principal del pazo había un inmenso
jardín que colindaba muy verde con un bosque de flores y pinos. No muy lejos de
allí, del otro lado del bosque, había una alberca recién construida que, cuando
estábamos libres de prisas y castigos y el fresco amainaba, esperaba limpísima
para bañarnos y divertirnos. Recuerdo que dos días después de un ataque de asma
brutal un día de sol radiante y alegre, no pude siquiera tocar el borde húmedo
de la reluciente piscina. Siempre pensé que moriría a causa de uno de esos
embates mortales que asfixiaban mi existencia cada vez que intentaba algún
ejercicio físico o la ansiedad me envolvía, pero bastaban sus dulces palabras y
unos suaves masajes alrededor de mi ombligo para que mama devolviera a mi alma
la paz y el sosiego que había perdido. Este es el ultimo recuerdo que tengo de
mi madre unos días antes de su desaparición y desde entonces no he vuelto a
tener esos terribles ataques de asma
Aquí estoy, es de noche, y me encuentro sentado en mi butaca de orejas preferido, herencia
del abuelo, en la biblioteca del
pazo
mirando atreves del
ventanal el sauce llorón que crecía en el inmenso jardín que rodea a la vieja casona de
piedra, también cuidado y
mimado por Susi, mi adorable Tata. El pazo no sería lo que es si no fuese por ella y por Fermín y Juana
el matrimonio guardes que ayudan en el día a
día a
la quisquillosa y a
la vez adorable Susi. Ella que había cuidado de tres
generaciones de Vega-Rodrí de Bunorroti, mi abuelo mi madre y a mí, ella que
siempre había sido mi compañera de juegos de chiquillo y nunca fue tratada ni
vista en la casa como una criada, incluso reemplazo a mi madre tras su
misteriosa y repentina desaparición de nuestras vidas
Yo seguí ensimismado observando
con fascinación al sauce llorón; si se miraba con cuidado, como cuando miro a
Carmen subiendo por el sendero que da al jardín en una mañana de primavera, se
podía ver como de sus imponentes ramas caídas hacia el suelo desprendían
destellos de luz multicolor que la luna reflejaba en las ramas del sauce y el viento de aquel día de invierno
zarandeaban de un lado para otro, me parecía que fuese como rayos de sol
inundando cada rincón de la biblioteca…la musiquilla de mi ipad me saco de mi
ensimismamiento.
- Si Beatriz dígame. - Hera mi
secretaria
- Don Nicolas, el proyecto ya se
ha entregó al Señores Puig,
quieren concertar una cita para el martes a la una.
- Mire la agenda y dígame que tengo para el martes.
- El martes a primera hora en la
Notaria y a las once tiene una reunión en el ayuntamiento con el concejal. Por
la mañana no tiene nada más
- Beatriz llámelos usted y dígales
que si les viene bien a la una y media en mi despacho. Envíeme un correo para
confirmarlo, ya que tendré el teléfono desconectado. Algo más...
- No, no señor
-Buen fin de semana Beatriz.
Dije apagando el teléfono y desconectándolo, no quería que nadie me molestase
Encendí la luz que tenia sobre la mesita al
lado de la butaca, estire mis piernas colocándolas sobre el banquito que tenia
a los pies de la butaca y me dispuse a leer un exótico libro que a mi mente traía
gratos recuerdos de mi infancia, pues hacía tiempo que había encontrado en sus
líneas una inestimable compañía para mis ratos libres. Los libros en
general siempre me han hecho una
muy buena compañía en mis momentos de asueto, pero este en especial cada vez
que lo leía me trasladaba a otro lugar a otro tiempo que hacía que me sintiese distinto.
Abstraído leía palabra por palabra, pagina por página…en esos momentos la magia
del libro hacia que no existiese el mundo a mí alrededor.
Sin embargo, el idílico momento
en el que estaba sumiso fue interrumpido por un extraño ruido que provenía del
exterior de la casa. No le di demasiada importancia, pues se acercaba una gran tormenta,
según me había dicho Fermín cuando llegue a mis dominios, y el viento
seguramente había tirado algo, pensé en ese momento en que salí de mi
abstracción y continúe leyendo no dándole importancia.
Pasaron unos minutos y no había
conseguido concéntrame de nuevo en
mi lectura.
El sonido del viento que
penetraba atreves del ventanal siempre me había llamado la atención sobre todo
cuando estaba en esta casona y hoy no era excepción. Yo creo que ese sonido que
es como le sonido de la voz de las almas en pena, como dicen los lugareños de
este rincón de Galicia, que gritan para que sean liberados de su pena y agonía.
Pero en ese instante otro
extraño ruido se sobrepuso al agudo silbido del viento, entonces en mi mente
comenzó a tejer una serie de
paranoias sospechosas mi cerebro me está diciendo que hay alguien merodeando
por el exterior de la casa
queriendo entrar como cuando era niño
y entraron aquellos hombres para llevarse a mi abuelo y el viejo Manuel
escopeta en mano los amedranto y salieron corriendo. Solo de pensar en ello se
me ponen los pelos del bello de punta. Aun hoy después de tanto tiempo mi
cuerpo se sacude cuando pienso en ello, recuerdo que cuando era niño en las
noches de invierno el sonido del viento hacia que me acurrucase bajo las mantas
de mi cama porque creía que venía al quien a llevarme y gritaba llamando a Susi
y ella llega apresuradamente y me acurrucaba entre sus brazos.
En estos momentos mis miedos
infantiles al viento la oscuridad los ruidos inesperados se estaban adueñando
de mí, levantando de la butaca a la vez que digo:
-Fermín, Juana, Fermín
Fermín y Juana entran
apresuradamente en la biblioteca
-Que desea el señor- pregunta Juana
-No pierdan ni un minuto, miren
que todas las ventanas y puertas estén perfectamente cerradas.-
-Este todo cerrado. –Contesto Fermín
-Vuelvan a comprobarlo, me ha
parecido escuchar ruidos extraños fuera de la casa
-Ya estas con tus paranoillas Nicolás
– dijo Susi detrás de Fermín y Juana – ya eres mayorcito para que continúes con
estas tonterías infantiles, te voy hacer una Tila para calmar tus nervios
-Hale vosotros ir a comprobar lo
que dice el señor
Dándose la vuelta salieron de la
estancia dejándome solo, mientras oía a Susi hablar en voz baja mientras se iba
hacia la cocina.
Encendí todas las luces de la
biblioteca y dirigiéndome al ventanal observé a través del mismo por si veía a
alguien allí fuera coloque las manos sobre mi cara y las apoye en el cristal
escudriñando la oscuridad del jardín, no veía nada, me aparte de la ventana y observo
las pastas del libro sobre la mesa auxiliar alargando el brazo para cogerlo
pero no lo hago y me dirijo hacia la mesa del escritorio para coger mi pipa
cojo el tabaco, pienso mientras me la preparo que me ayudara a relajarme, la
enciendo con dos largas caladas para que vaya tirando.
No dejo de moverme con la pipa
en la boca, estoy ansioso y alterado, necesito tener noticias de mis sirvientes.
De repente se fue la luz y los
rincones de la biblioteca antes iluminados con la luz de la lámpara de pie
quedaron en penumbra.
Tanteando en la oscuridad, halle
varios candelabros con velas que susi tenía por toda la casa como esperando a
ocasiones como esta, antiguamente recuerdo si era casi diariamente que
ocurriese. Las encendí, de mucho no servían puesto que la habitación era muy
espaciosa y no llegaba la luz a iluminarla.
Según iba pasando el tiempo mis
nervios se fueron calmando, aunque oía el tic tac del reloj de pared que se
encontraba en living de la entrada algo y no sé muy bien porque me calma.
Finalmente ya más tranquilo pude
sentarme en el sillón a la espera de las noticias que me trajesen cualquiera de
los sirvientes que se encontraban en la casa, intento continuar con la lectura
pero no logro concentrarme con lo cual cerré el libro por la pagina en la que
estaba.
Trataba de que los ruidos no dominasen mis miedos y mis nervios, con lo que dirija
mis ojos buscando un punto determinado hasta que finalmente lo encontré y fije
mi mirada en el centro de la flamante llama de la vela que está situada sobre
el zaguán de la ventana.
Por un instante creía
que todo era un sueño, me sentía transportado, fuera de
mi cuerpo, estaba como en éxtasis; me encontraba en una extraordinaria e
ininterrumplible paz interior. Pero el vaivén de una puerta habiendo y cerrándose me
hizo salir de mi éxtasis momentáneo. Provenían de una puerta exterior de
la casa que daba al sótano y que yo personalmente me había encargado de cerrar
con llave ¿Cómo es posible que el viento la había abierto?
Sin darme cuenta, me encontraba frente a la puerta del sótano que yo había
cerrado esta misma tarde la puerta se estaba agitando violentamente contra el
alfeizar de piedra de la misma.
Sujete el pomo de la puerta y
antes de cerrarla definitivamente, observe desde el exterior de la misma el
profundo y oscuro sótano; los relámpagos que en ese momento se estaban
produciendo iluminaban hasta el fondo del mismo, el efecto de los mismos y
desde la entrada misma producían una perspectiva que parecía que se hubiesen
abierto las puertas del infierno.
Las gotas de lluvia corran por
mi rostro adentrándose entre la camisa recorriendo mi cuerpo empapándome. El
viento los truenos y los relámpagos unidos a los portazos de las
contra-ventanas me están desconcertando. Con un movimiento brusco cierro la
maldita portezuelo del sótano que me había traído hasta donde me encuentro
ahora maldiciendo
- Maldito tiempo, joder con la
puertecita de los cojones contra que está tropezando ahora
Me agacho y con la mano retiro
el trozo de madera que no me deja cerrar la puerta y tiro de ella con la otra
cerrando la puerta.
Cae un relámpago iluminándome y observó
que mi mano se encuentra chorreando un liquido rojo, bajo la vista
desconcertado y me encuentro
bajo mis pies un charco de agua
y lodo teñido de rojo me agacho para tocar lo que aquello era a la vez que miraba
para descubrir de donde venia aquello que parecía sangre era sangre, dando un
salto hacia tras perdiendo el equilibrio y quedando sentado en el charco de
agua y lodo, aterrado me levante y corro como enloquecido hacia la entrada de
la casa dando un traspiés entro en casa rápidamente y cierro la puerta al mismo
tiempo que le doy dos vueltas a la vieja llave.
Tiritando y empapado hasta el
tuétano como estoy me dirijo al baño que se encuentra en el hall de la entrada
al lado de la entrada a la cocina, cojo la toalla que se encontraba sobre la
cesta de mimbre que Susi había colocado y mientras me seco pienso y me
pregunto: < ¿Quién había abierto la portezuela del sotano?, ¿De quien era la
sangre de la entrada al sótano?, ¿Seria sangre o pintura? Termino de secarme y
subiendo la escalera me dirijo a mi habitación, cojo una camiseta del armario y
los viejos vaqueros raidos que uso cuando salgo a pasear por el jardín mientras
me cambio por la vergüenza que yo siento de mi mismo, armado de un coraje,
descontrolado por la vergüenza, tomo el candelabro grande que se encuentra en
el mueble de la entrada saco el mechero y termino de encender las velas que
estaban apagadas, me dirijo a la portezuela de acceso al sótano, que se encuentra debajo de la escalera
de piedra, agarre con decisión el pomo de la portezuela y lentamente abrí la
pequeña portezuela que conducía al sótano.
- ¡Fermín ¡¡Fermín! llame. Nadie me contesto. Estarán cerrando las contras porque con
este temporal el viento terminara por mandarlas al carajo. Pensaba.
Comienzo a bajar la escalera de
madera.
- ¡Joder! ¿Quién anda ahí? Dije en alto
Nadie contesto, y me doy cuenta
que era el ruido que producen las escaleras de madera bajo mi peso y mi propia
sobra reflejada la que me habían hecho imaginar que había alguien allí abajo.
Llego al final de la escalera y camino sobre el suelo de
piedra y tierra del viejo sótano siento como mis zapatillas se empapan de agua.
- ¡Joder! todo el suelo está lleno de agua de la lluvia.
Muevo el brazo dirigiendo la luz
hacia todos los rincones intentando encontrar algo, solo veo las viejas
estanterías de madera repletos de las cosas de mi madre de libros y legajos de la familia y que mi
padre
había ordenado a Susi que los
guardase en esta parte del sótano, mientras decidiese que hacer con ellos,
nunca llego a decidirse y allí se encontraban todavía <jolines un día de
estos tengo que ponerme a inventariar todo esto y ver que hago con
ello>pienso mientras sigo moviendo el brazo con el candelabro buscando no se
qué. Todo está muy sombrío, entorno los ojos para agudizar la vista para
descubrir el menor movimiento, estoy en continua alerta.
Seguí moviéndome por el sótano
sin importarme la humedad de mis pies, hace mucho tiempo que no visito esta
parte del sótano; observo las estanterías llenas de legajos, libros y diversos
objetos, viendo todo aquello con la tenue luz del candelabro a mi mente vienen
recuerdos lejanos cuando este lugar, fue apartado del resto del sótano y
cerrado con llave por mi padre, este lugar me estaba prohibido ahora my
imaginación del niño curioso que había sido me está llevando a pensar en
aquellas sorprendes historias que me inventaba y le contaba con insistencia a
la tata Susi y ella como respuesta me mostraba su sonrisa.
Estoy absorto en mis recuerdo
cuando de repente oigo unos extraños ruidos hacia mi derecha y giro mi mano con
la luz enfocando de donde venían esos extraños ruidos, no veo nada pero un
ruido agudizo el oído y puedo distingo el ruido que se está produciendo; parece
que son como pezuñas de un caballo golpeando enérgicamente sobre el suelo y de
una cadena se arrastrase por el suelo al mismo tiempo que el ruido agudo de las
pezuñas. El piso de madera cruje cada vez más fuerte, y estos ruidos se están
acercando a mí, sigo moviendo la luz escudriñando con mi vista hacia donde
salen los ruidos pero no logro ver nada de nada. Mi corazón se acelera, siento
como late fuertemente, gotas de sudor recorren mi cara, a mi mente acude el
recuerdo olvidado de lo que me contaba el viejo guardes Ramiro de lo que había
en esta parte del sótano al que se me tenía prohibido la entrada y hasta el
preguntar a la gente de la casa, ese recuerdo me está paralizando de terror.
Este miedo aterrador que siento me hace recordar los momentos importantes de mi
vida, mi infancia con mi madre, mi infancia sin mi madre, cuando mi madre
desapareció, mi primera comunión, mi boda, mi separación, mis hijos, mi
trabajo, en Mari, en Dios. Un grito de Susi llamándome desde arriba.
-¡Señor, Señor! Venga rápido,
por favor corra ¡Señor, Señor!
-Ya voy, Susi.-grite
Girando bruscamente,
apresurándome hacia la escalera, subí corriendo la escalera...
-¡Hay! ¡Mierda puta! – grite
La tabla del peldaño cedió bajo
mi peso quedando mi pierna atrapada.
Intento sacarla y no soy capaz,
poso el candelabro el peldaño superior y con las dos manos intento sacar mi
pierna del maldito peldaño de madera, pero nada no puedo liberarme, mi corazón
late con fuerza, me desespero, los ruidos extraños cada vez se acercan mas me
aterroriza y la desesperación va en aumento, giro la cabeza hacia donde
provienen los ruido y la vuelvo mirando hacia la puerta de entrada al sótano
deslumbro una silueta y grito.
-¡Susi, Juana, Fermin! estoy
aquí abajo atrapado
Susi aparece en lo alto de la
escalera bajando hacia mí.
-¡Hay Señor, Señor! que le ha
pasado. ¡Hay! niño Leo como se te ocurre bajar solo al sótano
Cogiendo el candelabro y lo
coloca en el rellano de la escalera, baja hasta donde me encuentro y me agarra
por debajo de los brazos tirando de mi hacia arriba ayudándome a liberarme del
agujero de la escalera. Mecánicamente tomo la decisión de averiguar de dónde
procedía aquella sangre, porque estoy convencido de que es sangre, termino de
vestirme y salgo de la habitación y bajo las escaleras y con un sabor amargo en
mi boca, no sé si por el miedo o
-Espera Susi, deja ya de
rezongar y ponte detrás de mí y sujéteme
mientras intento yo liberar un poco la pierna y así después me podrá
ayudar mejor.
Susi se coloca detrás de mí en
el peldaño inferior
-susi, ya estas preparada
No obtengo respuesta y giro la
cabeza para ver qué es lo que está haciendo, miro su rostro y descubro en él
una sensación de pánico, está completamente blanca inexplicablemente pálida
parece que está viendo la cara de la muerte al mismo tiempo que grito
-¡Que es eso!
Giro la cabeza y agarro con
fuerza mi pierna atrapada tirando hacia arriba de ella consiguiendo liberarla,
con el impulso Susi pierde el equilibrio cayendo sobre el suelo del sótano. Me
pongo de pie y observo a Susi sobre el suelo, bajo los tres peldaños que nos
separan esta pálida y descompuesta no deja de apartar los ojos de donde procede
el ruido, la cojo en bazos y con la pierna dolorida subo como un poseso las
escaleras de dos en dos con Susi en mis brazos. Al llegar al living, dejo a
susi sobre la silla y aseguro la
portezuela del sótano con la barra de hierro y le doy una vuelta de llave.
Escucho llegar apresura mente a Fermín y a Juana gritando y descompuestos.
Fermín dice:
-Señor, escuchamos los gritos, ¡¿Qué
ocurre?!
-¡Hay algo ahí abajo…en el sótano
de…! Susi lo ha visto, ¿Susi qué era eso?- dije casi sin aliento girándome.
Fermín y Juana me miraban con
los ojos abiertos, un largo silencio corta el aire del ambiente, mire a Fermín y a Juana incrédulo como buscando una
respuesta que no encontré solo sus rostros desconcertados; Susi mi Tata no
estaba allí sentada donde yo la había dejado.
-Rápido Fermín busquemos a Susi, Juana usted
vaya a la cocina, no puede estar muy lejos después de la caída apenas podía
moverse - dije
Fermín y yo nos dirigimos hacia el vestíbulo principal y la biblioteca…….
-¡Señor Leo, Señor! Dijo Juana
desde la entrada de la cocina
Nos giramos y nos dirigimos hacia donde se encontraba Guaniquí
era la entrada de la cocina
-He oído gemidos dentro de la
cocina Señor Leo.
Juana se aparto de la entrada de la cocina y asustada tomo la mano
de su marido Fermín. Yo les mire y entre en la cocina, pegados a mi espalda
estaban mis asustados criados,
aunque yo en mi interior esta aterrorizado, desde la puerta vimos tirad en el
suelo al lado del fregadero frente al ventanal de la cocina a mi Tata Susi,
apresuradamente nos abalanzamos sobre ella los tres, la levantamos y la pusimos
en su sillón de mimbre que ella tenía en la cocina; Susi hablaba en voz baja,
apenas se le escucha y lo que dice no tiene sentido.
-¡Ah! Era un mostro…feo…pelos…, venia hacia mi…. Venía
a buscar... me….su cara.-dijo agitándose y con los ojos fuera de sus orbitas
-Susi ¿Qué has visto? – le
pregunto
-¡Susi, Susi! ¿Qué te pasa?
La sujeto por los hombros y la zarandeo,
abre los ojos murmurando algo que no logro entender, los cierra a la vez que
vuelvo a zarandearla para haber si reacciona. Le suelto los hombros he intento
tomarle el pulso, no logro encontraselo, un hilillo de sangre está empezando a
brotar en la comisura de sus labios.
-Juana, valla al teléfono y
llame a Don Anselmo el médico, y dígale que se acerque que Susi se ha
desmallado.
No he terminado la frase y veo
salir a Juana de la cocina corriendo. Me giro y veo a Fermín con los ojos
abiertos como platos mirando fijamente a Susi
- Fermín – le cojo del brazo moviéndoselo – encienda todas las
velas de la casa, y traiga unas linternas. Me ha oído Fermín
- Si Nicolás, ¡oh perdón! señor, velas…si, si, si velas
A la vez que se encamina hacia
el cuarto de la cocina donde se guardan las cosas de la casa.
Entra Juana toda apresurada y
casi sin aliento en la cocina diciendo.
- ¡Señor, Señor! el teléfono no funciona, debe estar
cortado…-mirando el cuerpo inmóvil de la Tata - ¿la señora Asunción está
muerta?
- Que tonterías está usted diciendo Juana, ¿Quién es Asunción?
- Señor Nicolás pero no sabe….
- ¡Ya, ya, ya! Ya se Juana, ya sé quién es Asunción – no dejándole
terminar.
Ya no me acordaba del verdadero
nombre de mi querida Tata Susi, como nunca le había llamado asi, bueno recuerdo
que cuando era pequeño y me reñía, yo la llamaba Asunción para hacerla rabiar.
- Juana deme el número de teléfono de Don Anselmo. ¿Lo sabe?
Comenzó
a temblar como si de un terremoto se tratara.
-¡Vámonos
ya mismo! Subamos al coche- dije casi gritando.
Salimos los tres de
la casa corriendo,
llegamos al coche. Intenté encenderlo, pero no
podía, el nerviosismo no me dejaba. Después de algunos intentos,
encendió, y salimos de la finca, no sin antes ver el interior de la casa por
una de las ventanas.
La terrible lluvia me impedía
ver el camino y el ímpetu del viento desviaba
el auto. De pronto el coche se
detuvo, atónitos nos miramos mutuamente. Hacia la izquierda del camino se lograba
ver una gran estructura, seguramente era
esa antigua casa abandonada.
- No hay más combustible - dije algo inquieto.
Decidimos quedarnos dentro del auto por
un tiempo, pero la lluvia y el viento no se calmaban;
además, el vehículo se
agitaba tanto que comenzamos a pensamos que lo mejor sería
refugiarse en esa casa. Salimos del auto, y corrimos hacia el pórtico de entrada...
la puerta estaba abierta,
pues seguramente el viento lo
había hecho.
Llegamos a una habitación inmensa,
llena de polvo y telarañas por todos los rincones. Sólo yo
subí las grandes escaleras marmoladas; Fermín y Juana se
quedaron en el living. Los muros de la casa eran tan gruesos que apenas si se
escuchaban los truenos.
Llegué a un corredor, una
de las puertas estaba abierta y decidí entrar. Era una habitación rústica
y muy amplia, pero lo que más
me extrañó fue que había un farol encendido allí. Me aproximé a
una ventana y
perdí mi vista en el horizonte.
Desde allí la tormenta se
veía terrorífica, un rayo tras otro iluminaban las nubes que no dejaban de
moverse como remolino.
Logré ver el coche, el cual tenía las luces prendidas, aunque no
recordaba haberlas dejado así. Me
sorprendió ver el baúl abierto, pero más aún que desde este fluía
un líquido viscoso color rojo. La piel se me
erizó, nuevamente la imagen de la sangre enlodada
me vino a la mente.
Bajé las escaleras corriendo, y le dije a Jaime:
- Mire por el ventanal,
¡mire el auto!. - asintió con la cabeza e hizo lo
que le dije. Repentinamente gritó.
- ¡Está allí! Viene a hacia acá... salió del baúl. ¡Nos quiere matar!.